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Único y Repetible

Según Silvio Fischbein su obra es “transitar el mundo”. Un mundo actual recorrido desde un lenguaje visual formado por objetos de la vida cotidiana, que dejan entrever recreaciones de situaciones humanas. Examina al hombre y al mundo que lo circunda volviéndolo un juego entre realidad y ficción. La autorreferencialidad como punto de partida en estas construcciones estéticas busca, a su vez, movilizar al espectador desde las posibles apropiaciones discursivas sin restricciones de su producción.

Sus obras aluden a la vida contemporánea, a las relaciones que en ella se tejen y a una sociedad de masas que absorbe al hombre hasta convertirlo en texturas lejanas. Texturas en la que se pierde y no logra identificarse, dejando de ser sujeto para transformarse en objeto. Sin embargo, dentro de la imagen de un mundo caótico que despersonaliza al ser humano, el artista rescata lo particular de cada individuo.

De este modo incorpora un juego, para nada ingenuo, que busca comprometer al espectador en la reflexión sobre su rol en el mundo actual. A través de lo lúdico como recurso, deja al descubierto la presencia de las emociones convirtiéndolas en recortes de un espacio- tiempo donde revela la visión cotidiana del mundo que lo rodea.

Desde un punto de vista compositivo los trabajos transmiten una sensación de libertad, aunque limitada simultáneamente desde el soporte, con una actitud proyectual y constructiva, clara influencia de la arquitectura (otra de sus pasiones), donde la necesidad de volumen y organización espacial se hace evidente. En las obras existe un orden azaroso, una tentación por el desborde y el hacinamiento matérico, que genera tensión e incertidumbre por momentos, que oprime y libera a la vez, creando un ritmo y armonía que no desestabiliza pero moviliza.

Aprovecha estos recursos para atreverse a las texturas y al juego del color, que impone la necesidad del alejamiento y la constante atracción, hechizando al espectador que recorre la obra en busca de nuevos recorridos De este modo, el artista propone varias lecturas, donde cercanía y lejanía son parte fundamental en la relación con la obra. Coloca destellos de color en la fluctuación de pequeños objetos manipulables, pero reconocibles en un acercamiento directo, con una intención discursiva velada que crea contraste en la homogeneidad cromática del conjunto.

En este tiempo que nos toca vivir donde se genera una explotación masiva y seriada del hombre y de la imagen, donde todo se industrializa y se produce una repetición al infinito, es necesario salvar la idea de lo único. Así, inundada de un neobarroquismo evidente, su obra plantea un discurso desde la paradoja de la posmodernidad, donde impera lo contradictorio y lo ambiguo, “como una indudable activación emocional e imaginaria que posibilita el escape, la aceleración de un recorrido, un vagabundeo no controlable, por principios de orden y simetría”[1].

Cecilia Quinteros Macció y Florencia Tagliaferri
Curadoras.


[1] Rosa María Ravera, “Proyecto y Memoria: en torno al eje moderno/post-moderno“, en Cuadernos Gritex N° 3- 4, pp. 46-61. Editorial UNR.