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SILVIO FISCHBEIN

Desde hace varios años, la obra de Silvio Fischbein puede leerse como un despliegue de dicotomías: lo agradable convive allí con lo cruel, los módulos y disciplinamientos con las rupturas del orden y las acumulaciones, los ordenamientos racionalistas con la irrupción de lo irracional, en suma. Sus objetos e instalaciones ofrecen una perspectiva doble que propone al espectador una también doble experiencia: entre la seducción del color y la luz, y la presencia de situaciones inquietantes resueltas con los mismos materiales que inicialmente atraen la mirada.

Pequeños juguetes, tazas, vasos y copas, serpentinas, tubos vacíos de óleos y acrílicos y, sobre todo, diminutos bebitos de material plástico y tonos saturados, ya se encuadran en estructuras geométricas, ya las trasgreden; o bien trepan y se amontonan sobre viejas ventanas, restos de muebles, algún atril. A veces estos elementos dialogan con cuchillos, hachas o clavos; más recientemente con el vidrio estallado y con las escobas, que barren materiales y muñecos como restos, como ruinas. Fischbein hace honor a sus varias profesiones –arquitecto, artista plástico, cineasta-, trabajando al mismo tiempo la estructura y el diseño y las texturas, armonías de color y materiales; en esta ocasión, incursionando en el video-arte a través de una propuesta resuelta en claves similares: colores primarios para cada tramo de una filmación donde, por primera vez, el individuo se desgaja de la masa, del colectivo, como resto que va a la deriva barrido entre las hojas del otoño.

Pero no es el individuo el que prima. Quien accede a la muestra, se topa con una gran alfombra multicolor resuelta en módulos equilibrados y autosuficientes. Unos 12 metros cuadrados, 48 estructuras plásticas que contienen 24.000 bebitos de color: una suerte de all over painting de materiales sintéticos. Sin embargo, lo que de lejos alude a diseño atrayente se transforma, en la visión cercana, en sobresalto. Los continentes, utilizados en parques y jardines para estacionamiento, llevan un contenido que detiene el “ser pisados”. El artista nos señala una frase, escuchada hace años en un curso del mítico Di Tella: “multitud, monstruo de mil cabezas”. Mientras lo dice, sigue invadiendo los espacios, paredes y suelos, con sus comentarios llenos de ironía.

Dra. Graciela Sarti
Universidad de Buenos Aires.