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SILVIO FISCHBEIN / Obras recientes

En un principio, ya remoto, fue la cerámica, a continuación fue la pintura y, desde hace cinco años, son cajas con formas ensambladas en su interior las que ocupan el tiempo que Silvio Fischbein dedica a la creación artística; sin dejar de lado, por supuesto, ni su actividad como cineasta, ni su formación como arquitecto.
Se trata, en todo caso, de interesantes transiciones por diversos campos del lenguaje expresivo que tuvieron como inicio sus estudios tempranos -Fischbein tenía entonces catorce años - en el taller de Batlle Planas. Las cajas que presenta en Tandil en el mes de mayo y en Buenos Aires en el mes de julio reúnen objetos que pertenecen, en su mayoría, al ámbito de la infancia.
Trabaja siempre en variaciones sobre el mismo tema de las cajas, con pequeños objetos dentro, no obstante, el evidente riesgo a la repetición queda resuelto por la habilidad de Fischbein de encontrar diferentes soluciones formales.

En muchas obras el mundo de la infancia aparece recreado como si se tratara de una obsesión distante. Con todo, la aparente frialdad de la evocación reclama una lectura sospechosa que permita poner en evidencia la subjetividad del artista.
Llama la atención el uso del contraste. Por un lado, lo que constituye el tema presentado, objetos colocados en una suerte de horror vacui asfixiante, en esa especie de “hormiguero donde se anulan las diferencias”, como diría Octavio Paz, de fuerte carga simbólica y, por el otro, el recurso formal que el artista decide para la organización plástica de los elementos narrativos.

Si nos detenemos en lo que concierne al aspecto formal, advertimos sin demasiado esfuerzo, que estamos frente a un artista muy atento a la resolución de las formas en términos que podríamos calificar de “constructivista” (lo que evidencia su formación de arquitecto). Desde allí se alcanza una retícula que le permite ordenar sus pequeñas figuras e imponer el color como elemento clave para obtener una lectura clara.
Un perturbador juego de opuestos atraviesa todas las obras de esta serie: el caos de ese obsesivo enmarañamiento de figuras alcanza su orden en compensada composición geométrica. Los muñequitos están “patas para arriba”, de lado, en infinidad de posiciones -arbitrarias, aleatorias y caprichosas-, racionalmente incomprensibles, pero el color aparece, oportuno, para tranquilizar la mirada en equilibradas armonías cromáticas.
Esas figuritas de cotillón, alejadas del ámbito de lo doméstico, ya no más cotidianas, adquieren cierta carga inquietante al inscribirse ahora en el dominio oscuro del subconsciente. De esta suerte, rompiendo la cotidianeidad, Fischbein hace surgir la sorpresa.

La perturbación que produce el abigarramiento de figuras queda neutralizada por la armonía de su resolución formal. Hay un juego de ambigüedad en esta estrategia visual que obliga al espectador a abrir interrogantes que se despliegan a interpretaciones múltiples (ésta es una de las señas más evidentes del arte contemporáneo).

No se trata ya de complacer al espectador orientando su mirada a la búsqueda de la belleza -al menos, no como imperativo categórico-, sino de expresar mundos mediante el lenguaje del arte donde se den cita el desconcierto, la sorpresa, la belleza o la angustia. Permitirnos descubrir el horizonte de una dimensión desconocida.

Estas cajas cuadradas, rectangulares, como úteros o nidos geométricos, son en realidad formas simples que activan una densa fuerza interior en la obra e interpelan al espectador en un recorrido escudriñador y curioso.

Fischbein transgrede la tradición del constructivismo geométrico con las series de objetos y figuras que rizomáticamente se entrelazan en redes que, de no ser por las retículas que los contienen, podrían multiplicarse al infinito.

En cierta ocasión el artista polaco Henryk Stazewski dijo “El arte nunca se detiene para quedarse en los desiertos emocionales de una contemplación cómoda o para seguir viejos caminos”. El constructivismo renovado que Fischbein nos plantea -reflejo de un complejo y rico mundo interior-, acaso sea incómodo en el tema y ambiguo en su sentido, pero está lejos, muy lejos, de una contemplación indolente.

Malena Babino
Febrero de 2006